La normalización de la catástrofe (II)



¿Qué nos mueve cuando buscamos transformar el futuro? Entre la desesperanza, la tristeza y el miedo la mayoría del tiempo se encuentra el amor y la rabia, dos emociones que conjugadas han llevado a la generación de innovaciones y revoluciones a lo largo de la historia, en diferentes latitudes del planeta.


Amor por el territorio, la vida y los seres que habitamos la Tierra; rabia frente a las desigualdades sociales y las amenazas que el cambio climático ha generado. Las respuestas de ambos sentires han permitido crear en medio de la catástrofe, soluciones adaptativas que responden a preservar la vida; cambiar las lógicas de producción y consumo que han generado el deterioro climático y ambiental estrepitoso que vivimos; y a buscar futuros que en el largo plazo no generen escenarios todavía más catastróficos.


Al respecto, las islas del Caribe como lo son Cuba y Puerto Rico son dos ejemplos necesarios a referir, ya que las innovaciones tecnológicas no responden a la geoingeniería, “o la geoingeniería climática, [que] se refiere a un conjunto de técnicas diseñadas para intervenir y alterar los sistemas de la Tierra en gran escala –particularmente se refiere a manipulaciones climáticas que intentan “remediar” el cambio climático”; sino a propuestas centradas alrededor de la vida.


Entonces, como lo plantea Maritza Islas, investigadora destacada en temas medioambientales por la UNAM y otros centros académicos internacionales, las soluciones propuestas se centran en restaurar y proteger los ecosistemas costeros mediante la prevención y fortalecimiento de los mecanismos de alerta temprana, que en conjunto con la participación social han demostrado tener resultados benéficos en el corto, mediano y largo plazo.


Estas propuestas son un ejemplo para muchos otros países como el nuestro. ¿De qué manera nos movilizaremos para dejar de normalizar la catástrofe? Será imposible vivir en medio de inundaciones, huracanes, pandemias o incendios que cada vez se están volviendo más comunes, porque se debe destacar que, lo que hoy parecen escenas de ciencia ficción alejadas de nuestras realidades, cada vez se han vuelto más cercanas.


El futuro depende de las respuestas que desde hoy comencemos a construir, desde la manera en que se difunden las noticias, hasta la forma en que nos integraremos o invertiremos en uno u otro proyecto. Las decisiones que tomemos en referencia al cambio climático marcarán una enorme diferencia para que exista un futuro.


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